Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de Santa Águeda de Catania

05 Febrero. Viernes de la cuarta semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a San Felipe de las Casas y a Santa Águeda de Catania.

Carta a los Hebreos 13,1-9a.

Perseveren en el amor fraternal.
No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles.
Acuérdense de los que están presos, como si ustedes lo estuvieran con ellos, y de los que son maltratados, como si ustedes estuvieran en su mismo cuerpo.
Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará a los lujuriosos y a los adúlteros.
No se dejen llevar de la avaricia, y conténtense con lo que tienen, porque el mismo Dios ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré.
De manera que podemos decir con plena confianza: El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los hombres?
Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe.
Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.
No se dejen extraviar por cualquier clase de doctrinas extrañas. Lo mejor es fortalecer el corazón con la gracia, no con alimentos que de nada aprovechan a quienes los comen.

Salmo 27(26),1.3.5.8c-9abc.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.

Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña
en el momento del peligro;
me ocultará al amparo de su Carpa
y me afirmará sobre una roca.

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda.

Evangelio según San Marcos 6,14-29.

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:
Otros afirmaban: “Es Elías”. Y otros: “Es un profeta como los antiguos”.
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: “Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado”.
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”.
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”.
Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntar a su madre: “¿Qué debo pedirle?”. “La cabeza de Juan el Bautista”, respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Amén

Hoy es la fiesta de Santa Águeda de Catania

Santa Águeda de Catania fue una joven que consagró su virginidad a Dios, y que murió martirizada durante la persecución ordenada por el emperador romano Decio (siglo III).

Águeda nació en Catania, Sicilia, al sur de Italia, hacia el año 230. Como otras mujeres de su tiempo, decidió consagrar su vida a Jesucristo, ofreciendo su virginidad.

Durante la persecución de Decio, el procónsul Quintianus (Quinciano), gobernador de Sicilia, intentó enamorarla; sin embargo, Águeda rechazó cada una de sus propuestas. Esto enfureció tremendamente al procónsul, quien ordenó que fuese llevada a un prostíbulo como castigo. Contra lo que Quintianus hubiese esperado, Águeda se las arregló para mantener su promesa al Señor. Por tal motivo, mandó someterla a una serie de vejaciones: primero ordenó que la torturen y luego que le corten los senos. Águeda logró sobrevivir a los espantos que se cometieron con ella y se dice que, durante la noche, el apóstol San Pedro se le apareció para animarla y curar sus heridas. Como las torturas continuaron, acabó entregando la vida el día quinto del mes segundo (5 de febrero) del año 251.

Según la tradición, un año después del martirio de Santa Águeda, el volcán Etna entró en erupción. Como la lava amenazaba con destruir la ciudad de Catania, sus pobladores pidieron la intercesión de la Santa para que detenga la furia de la naturaleza. Milagrosamente el mar de roca encendida y ceniza nunca alcanzó la ciudad. En agradecimiento por aquel milagro, Catania y otras ciudades aledañas la tienen como patrona.

Hoy se recurre a ella para que interceda por las mujeres que tienen partos difíciles o problemas con la lactancia; y en general, por aquellos que sufren dolencias en el pecho. Se le considera protectora de las mujeres y patrona de las enfermeras.

En la iconografía tradicional, Santa Águeda suele ser representada con la palma del martirio -la palma de la victoria- en la mano, o sosteniendo la bandeja en la que colocaron sus pechos.

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