Dios en la Tierra

Hoy la Iglesia celebra a San Raimundo de Peñafort, patrono de los profesionales del derecho

Viernes 07 Enero. El santoral recuerda a San Raimundo de Peñafort. Evangelio de hoy.

Epístola I de San Juan 3,22-24.4,1-6.

Hijos míos:
Dios nos concederá todo cuanto le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Su mandamiento es este: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó.
El que cumple sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
Queridos míos, no crean a cualquiera que se considere inspirado: pongan a prueba su inspiración, para ver si procede de Dios, porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas.
En esto reconocerán al que está inspirado por Dios: todo el que confiesa a Jesucristo manifestado en la carne, procede de Dios.
Y todo el que niega a Jesús, no procede de Dios, sino que está inspirado por el Anticristo, por el que ustedes oyeron decir que vendría y ya está en el mundo.
Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque aquel que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.
Ellos son del mundo, por eso hablan el lenguaje del mundo y el mundo los escucha.
Nosotros, en cambio, somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha, pero el que no es de Dios no nos escucha. Y en esto distinguiremos la verdadera de la falsa inspiración.

Salmo 2,7-8.10-11.

Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: “Tú eres mi hijo,
Yo te he engendrado hoy.
«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,

y como propiedad, los confines de la tierra.”
Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor

Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25.

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”.
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy la Iglesia celebra a San Raimundo de Peñafort, patrono de los profesionales del derecho

Cada 7 de enero la Iglesia Católica celebra a San Raimundo de Peñafort, presbítero y clérigo dominico, prolífico escritor y hombre de leyes -razón por la cual se le considera patrono de los juristas católicos-.

Raimundo, cuyo nombre significa en germánico “protegido por el consejo divino”, nació alrededor de 1175 en Peñafort, Barcelona (España). Desde muy joven destacó por su inteligencia y disposición para el estudio. Con solo 20 años, obtuvo una cátedra de filosofía, lo que puede ser considerado el inicio precoz de una brillante carrera intelectual. Sin embargo, Raimundo entendió que los cargos importantes y los menesteres que estos implican requieren de mucha sencillez y espíritu de servicio.

“Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos”, escribió Raimundo cuando ya pertenecía a la Orden de Predicadores (dominicos), manifestando con claridad cuál era la prioridad de su vida. El centro de sus días era contemplar a Jesús en la oración, algo que supo combinar muy bien con el estudio y la acción. Siendo un hombre dedicado a las letras -muchos de sus escritos poseen fama inmortal- también fue un gran pastor y evangelizador.

Quien ama la ley debe ir tras la virtud

Con el propósito de acrecentar su conocimiento del derecho -tanto civil como canónico-, a los 30 años viajó a Italia para estudiar en la Universidad de Bologna. Allí se doctoró y trabajó unos años como docente. Posteriormente, fue nombrado diácono principal (canónigo) de la Arquidiócesis de Barcelona.

En 1222 dejó el puesto de canónigo e ingresó a la Orden de Predicadores. Allí aprovechó todos los medios espirituales que la vida religiosa le proporcionaba. El santo se convirtió poco a poco en ejemplo de humildad y sacrificio. No rehuyó ni a las penitencias severas ni a los trabajos considerados humillantes. Raimundo sabía muy bien que el orgullo es veneno para el alma.

Servicio intelectual

Su disposición espiritual tampoco fue la de un hombre pusilánime, por el contrario le ayudó mucho a poner sus dones al servicio de Dios y sus hermanos. Por encargo de sus superiores se dedicó a investigar y escribir en torno a temas morales, con el propósito de orientar a las almas en el camino de la perfección. Como resultado de dicho encargo elaboró la “Summa de casibus paenitentialibus”, la primera obra en su género, célebre por ser de gran provecho para confesores y moralistas.

San Raimundo trabajó arduamente en la predicación y la instrucción en la fe. En 1230 el Papa Gregorio IX lo convocó a Roma y lo nombró su confesor. Además, le encomendó la recopilación del corpus canónico con los decretos de los papas y de los concilios que no estuvieran incluidos en la colección entonces vigente -ordenada por el Papa Graciano en 1150-. El fruto de su labor fue la publicación de las “Decretales”, magnífica obra en cinco volúmenes, considerada como la más completa colección de derecho canónico hasta la aparición del “Codex Juris Canonici” en 1917.

Servicio pastoral

A pesar de las súplicas del Santo para dedicarse exclusivamente a la vida intelectual, el Papa lo nombró Obispo de Tarragona. Como pastor realizó una labor muy buena, pero enfermó gravemente y el Pontífice terminó por liberarlo de su cargo.

De regresó a Barcelona, su tierra natal, pasó un largo tiempo recuperándose. Una vez que se sintió fortalecido, volvió al trabajo para atender un nuevo encargo de la Santa Sede. A este periodo de su obra pertenece la “Summa casuum”, sobre la administración genuina y provechosa del Sacramento de la Penitencia.

En 1238, los miembros del Capítulo General de la Orden Dominica viajaron a Barcelona para anunciarle que había sido elegido como superior general. Por obediencia el Santo aceptó el cargo y emprendió la tarea de visitar todas las casas de la Orden, inculcando el amor a la vida religiosa, al estudio y a los misterios espirituales.

Introdujo una reforma canónica según la cual, debía ser aceptada la dimisión voluntaria del superior de la Orden cuando éste tuviera razones justas. De esta manera pudo renunciar al cargo fundamentándose en su edad, al haber cumplido 65 años.

Los siguientes años los empleó en la evangelización, al esclarecimiento de la doctrina ante el peligro de las herejías y buscando los medios adecuados para la conversión de judíos y musulmanes.

Ya mayor y enfermo, fue visitado en su agonía por los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón. San Raimundo partió a la Casa del Padre el 6 de enero de 1275, a los 100 años de edad. Sus restos mortales reposan en la catedral de Barcelona, España.

Hay que conocer bien la causa a la que se sirve

Hay una historia milagrosa que tiene a San Raimundo como protagonista. De acuerdo al relato, Raimundo se encontraba acompañando al rey Jaime rumbo a Mallorca. El rey era un conocido mujeriego que había prometido enmendarse, pero que no hacía honor a su palabra. En vista de ello, San Raimundo se negó a seguir acompañándolo y pidió autorización para regresar a Barcelona.

El rey no aceptó el pedido y amenazó de muerte a quien se atreviera a sacarlo de la isla. Ante esto, el santo dijo: “Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello”. Luego se fue al mar, extendió su túnica sobre el agua, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela, hizo la señal de la cruz y subió sobre ella.

Milagrosamente la improvisada “nave” llegó a Barcelona y San Raimundo fue recibido con aclamaciones por la gente que lo vio llegar. El santo, sin inmutarse, recogió su túnica, que permanecía seca, la puso sobre sus hombros y se fue en dirección a su monasterio. En el lugar del desembarco, tras su muerte, se construyó una capilla y una torre.

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