Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá”.
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto,pensando: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada”.
Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado”. Y desde ese instante la mujer quedó curada.
Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo:
“Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme”. Y se reían de él.
Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.
Y esta noticia se divulgó por aquella región.
Amén
Hoy se conmemora a Isaías, el profeta que anunció la venida de Cristo
Después de Cristo y de Moisés, el más grande profeta de todos los tiempos fue Isaías, el “profeta de la Confianza en Dios” que anunció al Mesías, al heredero del trono de David que sería portador de paz, justicia, y del verdadero camino hacia Dios.
En el Antiguo Testamento, Isaías se caracterizó por la riqueza de su lenguaje, que representa el siglo de oro de la literatura hebrea, sobre todo por la importancia de las profecías que se refieren al pueblo de Israel, los pueblos paganos y los tiempos mesiánicos y escatológicos.
Isaías, cuyo nombre significa “Dios salva”, nació en Jerusalén en el año 765 A.C. y parece que perteneció a una familia aristócrata. Su modo de hablar y comportarse lo presentan como un hombre de cultura superior.
Ningún otro profeta vio con tanta claridad al futuro Redentor y recibió tantos datos de lo que sería la vida del Mesías o enviado de Dios como él lo hizo. Escribió el libro más largo de la Biblia con cerca de 70 páginas, y se puede afirmar que escribió la primera biografía de Jesús, siendo escrita 7 siglos antes de su nacimiento.
En el capítulo 53 del libro de Isaías el profeta parece estar viendo la Pasión y Muerte de Jesús, describiéndola, tal como iba a suceder. Allí se insiste en que los sufrimientos del enviado de Dios se realizarán para salvarnos de nuestros pecados.
En el Capítulo 6 de sus profecías narra cómo Dios lo llamó: “Vi al Señor Dios, sentado en un trono excelso y elevado y miles de serafines lo alababan cantando: ‘Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos, llenos están el cielo y la tierra de Tu Gloria’. Yo me llené de espanto y exclamé: ‘Ay de mí que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo pecador y mis ojos ven al Dios Todopoderoso’. Entonces voló hacía mí uno de los serafines, y tomando una brasa encendida del altar la coloco sobre mis labios y dijo: ‘Ahora has quedado purificado de tus pecados’. Y oí la voz del Señor que me decía: ‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá de mi parte a llevarles mis mensajes?’ Yo le dije: ‘Aquí estoy Señor, envíame a mí’”
Una antigua tradición judía, nos dice que a Isaías fue martirizado por el rey Manasés de Judá.














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