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La soja de segunda salvó el ciclo en Entre Ríos tras una fuerte caída productiva y volatilidad de precios

Con una contracción interanual del 22% en el volumen total cosechado, la campaña 2025/26 cerró con resultados económicos muy dispares. La fuerte expansión del maíz desplazó los lotes de la oleaginosa de primera, cuyos márgenes quedaron severamente comprometidos bajo arrendamiento por el desplome de cotizaciones en plena trilla.

El Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER) dio a conocer el balance económico final para la campaña de soja 2025/26. Los resultados de la principal oleaginosa evidencian una profunda reconfiguración productiva respecto al ciclo previo, marcada por una menor superficie implantada y una acentuada volatilidad de los precios en el mercado disponible, factores que pusieron en jaque la rentabilidad del sector en los momentos críticos de la trilla.

La producción total de soja en Entre Ríos alcanzó las 2.695.100 toneladas, lo que consolidó una caída interanual del 22%. Esta retracción se fundamenta en un retroceso del 5% en el área sembrada combinado con una baja del 18% en los rendimientos promedio. Pese a este declive productivo frente al ciclo anterior, el rinde promedio provincial logró posicionarse un 12% por encima de la media registrada durante el último lustro. Para alcanzar este volumen, los productores entrerrianos realizaron una inversión global de 448,6 millones de dólares (equivalentes a 1.145 kg/ha), sin computar costos de arrendamiento ni de comercialización. Tomando como referencia el precio pizarra Rosario del pasado 1 de junio, el valor bruto de la producción generada se estimó en 867,3 millones de dólares.

Competencia por el suelo y cambio de matriz

El entramado productivo de la campaña exhibió un fuerte giro estratégico. Mientras que en el período previo el área se distribuía equitativamente entre planteos tempranos y tardíos, en el ciclo 2025/26 la soja de segunda asumió el protagonismo absoluto, concentrando el 66% de la superficie implantada y aportando el 64% de las toneladas totales. En contrapartida, la soja de primera quedó relegada al 34% de la cobertura y el 36% de la producción de Entre Ríos.

Este desplazamiento directo obedece a la notable expansión que experimentó el cultivo de maíz en la provincia, cuya superficie se incrementó en 256.550 hectáreas, compitiendo de forma agresiva y restando lotes tradicionalmente reservados para la oleaginosa de primera.

Mercado: del optimismo inicial al desplome de cosecha

La evolución comercial estuvo signada por la inestabilidad de la pizarra disponible. El ciclo inició en octubre de 2025 exhibiendo sus máximos valores al superar la barrera de los 350 U$S/t, cotización que logró sostenerse firme hasta finales de año. No obstante, a partir de enero de 2026, el mercado ingresó en un canal bajista pronunciado que arrastró las cotizaciones hasta los 330 U$S/t, mostrando apenas una leve reacción alcista durante el mes de marzo.

El quiebre más crítico para los flujos financieros del productor se materializó en abril, mes que anotó una abrupta caída de precios seguida de un prolongado estancamiento en plena ventana de recolección. Hacia mayo el mercado reflejó una paulatina recuperación técnica, cerrando el ciclo en torno a los 321 U$S/t. A pesar de los vaivenes, este valor de cierre se ubicó un 4,5% por encima de lo proyectado por los mercados de futuros antes de la siembra y un 18% por arriba de la cotización final de la campaña 2024/25. Paralelamente, los datos de SIO Granos indican que al 15 de junio ya se habían concertado 960.645 toneladas (un 36% de la zafra provincial), con contratos pautados principalmente desde noviembre de 2025 en adelante.

Soja de primera: Márgenes en rojo bajo arrendamiento

Los planteos de primera demandaron una inversión global de 180,7 millones de dólares, equivalentes a un costo tecnológico y operativo de 1.350 kg/ha (sin considerar gastos de comercialización ni alquiler de la tierra). El volumen cosechado totalizó 957.030 toneladas, generando un valor bruto de 308 millones de dólares, con rindes que se ubicaron un 2% por debajo de la media de las últimas cinco campañas (excluyendo el ciclo histórico de sequía 2022/23).

La combinación de menores productividades y el desplome de precios entre abril y principios de mayo generó un severo cuello de botella financiero. El rendimiento de indiferencia (kilos necesarios para cubrir costos) se disparó por encima de los 2.400 kg/ha, superando al rinde real promedio obtenido en la provincia (2.300 kg/ha). Este escenario dejó en terreno de pérdidas netas a aquellos productores que se vieron obligados a liquidar mercadería disponible para calzar compromisos financieros de corto plazo. El riesgo económico recién logró neutralizarse con el repunte de los valores de pizarra hacia fines de mayo.

Bajo la modalidad de producción en campo propio, todas las zonas arrojaron resultados positivos, promediando un beneficio provincial de 220 U$S/ha, con picos en las regiones norte y oeste. Sin embargo, al incorporar el costo del arrendamiento anual, la ecuación se deterioró críticamente: la zona sur —que participa con el 42% de la superficie de primera— enfrentó pérdidas de alrededor de 203 U$S/ha (unos 630 kg/ha). Esto arrastró el promedio provincial bajo alquiler a un terreno negativo de -3 U$S/ha, neutralizando las rentabilidades positivas que sostuvieron zonas como la Norte (+223 U$S/ha).

Soja de segunda: El motor que salvó la campaña

En la otra vereda, los esquemas de soja de segunda mostraron un desempeño sumamente robusto. La inversión total en este segmento ascendió a 267,8 millones de dólares, representando un costo de estructura de 1.035 kg/ha. La producción acumulada escaló a las 1.738.070 toneladas, inyectando un valor bruto estimado de 559,3 millones de dólares. A diferencia del cultivo de primera, los rendimientos provinciales superaron en un 7% la media del último lustro.

Gracias a estos excelentes niveles de productividad, el rendimiento de indiferencia de la soja de segunda logró mantenerse sistemáticamente por debajo del rendimiento promedio obtenido a campo. Esta ventaja productiva blindó la rentabilidad del cultivo tardío frente a las fluctuaciones de precios, garantizando márgenes positivos incluso durante el derrumbe general de las cotizaciones en el mes de abril.

Tanto en campo propio como bajo arrendamiento, los resultados comerciales fueron positivos en casi todo el territorio entrerriano, con beneficios promedio de 292 U$S/ha y 157 U$S/ha, respectivamente. La región Norte (25% del área) lideró las ganancias de la campaña. La única excepción a la regla dentro del mapa entrerriano la aportó el departamento Gualeguaychú, donde los rendimientos promedio no alcanzaron el umbral de indiferencia, registrando pérdidas de 51 U$S/ha bajo la modalidad de tierra alquilada.

Conclusión y balance consolidado

Como cierre de análisis, el consolidado de ambos planteos (primera y segunda) bajo el esquema extendido de producción en campo arrendado arrojó una rentabilidad final ponderada del 19,8%. Este indicador económico pone de manifiesto el rol crucial y amortiguador que asumió la soja de segunda en el ciclo productivo de Entre Ríos: con retornos promedio del 30%, logró absorber y compensar los márgenes nulos y quebrantos registrados en la soja de primera, traccionando con éxito la economía de las empresas agrarias de la provincia.

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